Share

Esta es la imagen completa que saqué la noche del 10 de marzo cerca del Almorchón para estrenar la Nikon D5600 recién modificada. ¡Cómo surgen todas las zonas de emisión y las nubes de hidrógeno! Merece la pena cambiar el filtro IR del sensor. ¿Por dónde empiezo? En la esquina inferior izquierda está la nebulosa de la Gaviota (a unos 3800 años luz) , ya en el límite con el Can Mayor. Subiendo por el plano galáctico encontramos, inconfundible, a la Roseta (a 5200 años luz), con su cúmulo abierto asociado, y más arriba la nebulosa y cúmulo llamado "del árbol de Navidad" (a unos 2700 años luz). En la parte derecha resulta inconfundible el asterismo de Orión, que preside las noches de invierno. En el centro de la espada está la brillante nebulosa de Orión (a 1270 años luz) y junto a Alnitak, en el cinturón, la nebulosa oscura Cabeza de Caballo, en el seno del complejo de nubes moleculares de Orión. Resulta especialmente llamativo el Bucle de Barnard, que va desde el tercio superior de la constelación hasta Rigel, y cuyo origen se cree que tuvo lugar en una explosión de supernova acaecida hace dos millones de años. Otra nebulosa de gran tamaño y que, al igual que el Bucle de Barnard, es sólo visible en tomas fotográficas, es el anillo molecular de Lambda Orionis, en la parte superior. Junto a Rigel (abajo a la derecha) se aprecia la tenue nebulosa de reflexión llamada "la Cabeza de Bruja". Fueron realizadas 20 tomas de 2 minutos de exposición cada una a 1600 ISO con objetivo de 35 mm Samyang y seguimiento.
 
Constelaciones de Orión y el Unicornio
 
Orión y Monoceros Full View

Las panorámicas completas de la bóveda celeste tienen mucho trabajo si no se dispone de un objetivo ojo de pez con un ángulo de visión tan amplio, pues hay que obtenerlas como un mosaico, y al final el proceso de unión de cada foto con el resto hay que hacerlo de modo manual aunque se utilicen programas como el Hugin Panorama Creator, desde mi punto de vista el mejor para este fin dentro del software libre. Pero el esfuerzo es compensado por la cantidad de cosas que se pueden apreciar de un vistazo. Aquí está el cielo de un 9 de enero de 2019 visible desde la tiná de Prado Flores, en Santiago-Pontones. Es una imagen de fuertes contrastes. Por un lado se aprecia perfectamente la luz zodiacal partiendo del oeste-suroeste hacia el cénit. En esa franja de débil luminiscencia azulada queda la Luna (muy joven aún y cercana a su ocaso) y Marte. Estamos sin duda ante un cielo transparente y oscuro, pues sólo con estas condiciones se puede captar la luz zodiacal. Por otro lado, sobre el arco de horizonte que va del sureste al norte-noroeste se están levantando nubes altas que reflejan la luz amarilla-anaranjada de los núcleos urbanos. Esto no quiere decir que en el resto de direcciones no haya contaminación lumínica, pues al oeste realmente ésta queda enmascarada por las últimas luces del anochecer y la tenue luz de la Luna. Pero en esta imagen las nubes se encargan de mostrar la verdadera magnitud de la contaminación lumínica en la dirección en la que se encuentran. Si la comparáis con la imagen que viene en este artículo, obtenida muy cerca, en los Campos de Hernán-Perea, en la que están identificadas las ciudades que hay en distintas direcciones, podéis tener una idea de hasta qué punto afecta la luz que emiten hacia el cielo (sea directamente o por dispersión) ciudades como Valencia o Madrid. Imaginad un ave nocturna -con una vista mucho más sensible a la luz que la nuestra- que en su migración se oriente por la luz de la Luna... ¿sería capaz de elegir la dirección correcta incluso en lugares tan alejados de las ciudades como este?

Cielo despues de anochecer el 9 de enero de 2019 en Santiago-Pontones

Bóveda celeste (enero) Full View

HOME | ABOUT

Copyright © 2011 ASTROGALERÍA | Powered by BLOGGER | Template by 54BLOGGER